Mercurio

Según la OMS, el mercurio es tóxico para la salud humana, y constituye una amenaza especialmente para el desarrollo del bebé en el útero y en los primeros años de vida. El mercurio es uno de los productos químicos que plantean más problemas de salud pública. En el año 2013, 140 países firmaron el Convenio de Minamata sobre el mercurio, comprometiéndose a aplicar una serie de medidas para ir reduciendo las emisiones de mercurio y los productos que lo contienen. Sólo 28 lo han ratificado de momento.
El mercurio (Hg), se encuentra presente en todos los compartimentos del medioambiente (atmósfera, geosfera, hidrosfera y biosfera). Su actividad neurotóxica, y su facilidad para acumularse en la cadena alimentaria hacen que el mercurio esté incluido en todas las listas de organismos internacionales, como uno de los contaminantes más peligrosos presentes en el medio ambiente.
El mercurio existe en distintas formas: elemental (o metálico), inorgánico (por ejemplo, el cloruro de mercurio) y orgánico (por ejemplo, el metilmercurio y el etilmercurio); todas causan efectos tóxicos en los sistemas nervioso, digestivo e inmunológico, y en los pulmones, los riñones, la piel y los ojos, entre otros. Una vez depositado, el mercurio puede cambiar de forma (principalmente por metabolismo microbiano) y convertirse en metilmercurio, que tiene la capacidad de acumularse en organismos (bioacumulación) y concentrarse en las cadenas alimentarias (biomagnificación), especialmente en la cadena alimentaria acuática (peces y mamíferos marinos).
Se ha estimado que, en poblaciones seleccionadas que se dedican a la pesca de subsistencia, entre 1,5/1000 y 17/1000 niños mostraban impactos cognitivos causados por el consumo de pescado contaminado con mercurio.
En 1956, en Minamata (Japón) se produjo un envenenamiento masivo de personas por mercurio debido a la ingestión de pescado y de marisco contaminado por los vertidos de una empresa petroquímica. Hubo decenas de fallecimientos y miles de casos de problemas neurológicos, que aún persisten a día de hoy, así como nacimientos de bebés gravemente afectados.

Por otro lado, gran parte de la población lleva empastes de amalgama metálica. La mitad de la composición de estos empastes es mercurio.

El mercurio de las amalgamas se evapora, el riesgo aumenta con las comidas calientes, los cítricos y ácidos, el flúor, el bruxismo, el tabaco, las drogas, al crear corrientes galvánicas con otros metales (puentes, empastes de oro, ortodoncias…) y con el electromagnetismo de móviles, afeitadoras, cepillos eléctricos…
La intoxicación se produce muy lentamente, durante años mientras se ingiere e inspira el mercurio evaporado. El Mercurio se almacena primero en riñón, segundo en el hígado, tercero en el tejido neurológico, cuarto en el gastrointestinal y después en el resto de tejidos. Los síntomas son muy variados (dependiendo de la persona se bioacumulará en diferentes tejidos): depresión, cansancio, fatiga crónica, problemas digestivos, problemas respiratorios, asma, alergias, electrosensibilidad, fibromialgia, psoriasis, problemas cardiacos, deterioro cognitivo, y un largo etc.
¿Cómo actúa exactamente la chlorella?
Este alga tiene la capacidad de unirse al mercurio (y al resto de metales pesados, productos químicos y algunos pesticidas) que acumulamos en el organismo, bloqueando parcialmente su absorción y facilitando su eliminación. Una vez en el estómago, las moléculas de mercurio y de otros metales pesados se unirán al alga pudiendo así ser eliminadas naturalmente por vía intestinal. Podemos utilizar la chlorella para realizar un proceso de detoxificación y eliminar los metales pesados y otros tóxicos acumulados en el organismo o de forma preventiva para no acumularlos. Por ejemplo, antes de comer pescado o marisco, antes y después de una extracción de amalgamas o como medida preventiva por exposición laboral.
El efecto de la chlorella se potencia cuando se combina con cilantro (Coriandrum sativum), acelerando y potenciando el proceso de quelación.
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El alga chlorella no tiene efectos segundarios conocidos en las dosis estudiadas, pero se trata de un producto para adultos; no está recomendado para niños ni para mujeres embarazadas o en periodo de lactancia.
Contiene una pequeña cantidad de yodo (aproximadamente 600 mcg/100 g), por lo que las personas con problemas de tiroides deben consultar con su médico antes de tomarla.

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