Hiperactividad infantil y trastornos del aprendizaje

Diferentes investigaciones han confirmado la relación que existe entre las intolerancias alimentarias y las dificultades de comportamiento y aprendizaje tanto en niños como en adultos. La clave está en encontrar los alimentos culpables y eliminarlos de la dieta, o bien reducirlos significativamente. Más de un psiquiatra ha hallado que las sustancias que se añaden a los alimentos, como los colorantes o los sabores artificiales, además de las antioxidasas, pueden hacer que un niño se vuelva hiperactivo. Alrededor del 90% de los alimentos que consumen los adolescentes contienen estos elementos (perritos calientes, salchichas, etc.). Además, las últimas investigaciones sugieren que una dieta que limite el azúcar e incremente la ingesta de proteínas puede reducir drásticamente la hiperactividad. Habría que considerar la suplementación con DHA y EPA, derivados del ácido alfa-linolénico, en niños con hiperactividad, dado que presentan niveles más bajos en sangre y además son nutrientes imprescindibles para su función cerebral.
Dieta para la hiperactividad:

  • Evitar al máximo los azúcares, lácteos, trigo, aditivos alimentarios, alimentos procesados, huevos, levaduras, chocolate, soja y maíz. – Tantear la tolerancia a los cítricos, manzanas, uvas y otras frutas. – Incorporación de cereales completos como quinoa, mijo, trigo sarraceno, arroz integral.
  • Consumo de Omega 3 y 6. – Desayuno proteínico y exento de azúcares rápidos. – Comida: vegetales crudos o cocidos + cereales completos o pescado/carne de calidad. – Cenas: glúcidos completos (integrales) + proteína. – Complejo B adaptado a la edad. – Aporte adicional de vitaminas B3, B6 (quizá B5) + magnesio. – Zinc. Fuente: Hernández Ramos, Felipe. Comer sí da la felicidad. Barcelona. Integral 2009
    Autismo
    El autismo es un trastorno mental del desarrollo que afecta a la capacidad de comunicación, relación e interacción social del individuo. El número de personas autistas se ha incrementado exponencialmente desde los últimos cuarenta años, es decir, en 1975 la cifra aportada por la organización americana Autism Speaks señalaba un caso de autismo por cada 5000 nacimientos y las investigaciones más recientes (Centro de Control de Enfermedades de Atlanta, 2014) apuntan a que actualmente uno de cada 68 niños podría presentar un trastorno de este tipo. Tal y como dijo Hipócrates hace más de 2000 años, y nosotros hemos apuntado anteriormente, todas las enfermedades tienen su origen en el intestino. Posteriormente se ha puesto de manifiesto la importancia del sistema nervioso entérico con la publicación de los estudios de Michael Gershon, profesor y director del Departamento de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Columbia (Nueva York), y precursor de la nueva ciencia denominada “neurogastroenterología”, cuya nueva disciplina estudia los síntomas de los trastornos psicosomáticos con expresión gastrointestinal y los relaciona con el sistema nervioso central. Con estas nuevas investigaciones, se puede afirmar que la función neuronal de nuestro sistema digestivo (solo el intestino delgado posee 100 millones de neuronas) es muy parecida a la de la actividad cerebral; de hecho, Gershon reveló que el 90% de la serotonina, comúnmente conocida como la hormona de la felicidad, se produce y se almacena en el intestino y el resto se sintetiza en el cerebro. Muchos científicos insisten en el papel tan importante que tiene el intestino en el desarrollo de los trastornos de deficiencia de atención u otras conductas. De hecho se ha demostrado que una corrección de la microflora intestinal en niños ha conllevado una mejoría notable de sus comportamientos, por lo que puede considerarse una ayuda importante en este tipo de trastornos. Según la ya mencionada Dra. Natasha Campbell-McBride, Doctora en Medicina con un título de Posgrado en Neurología y Nutrición Humana, los niños autistas nacen con cerebros y órganos sensoriales completamente normales, lo que pasa es que no desarrollan una flora intestinal normal desde su nacimiento y, como resultado, el sistema digestivo se convierte en una fuente de toxicidad para ellos; las toxinas dañan la pared intestinal y a través del torrente sanguíneo consiguen llegar al cerebro, y según sea el grado de afección de estas toxinas en el intestino, pueden complicar el aprendizaje, la comunicación y el entendimiento del lenguaje en los niños. Esto puede suceder durante el segundo año de vida en niños que fueron amamantados, puesto que ya no poseen la protección que les brinda la lactancia materna contra una flora intestinal anormal, pero en niños que no fueron amamantados puede suceder desde el primer año de vida, puesto que no han podido disponer en ningún momento de los beneficios de la lactancia materna. Además, en los niños la fragilidad inmune o el descenso de las defensas causa múltiples infecciones que son tratadas habitualmente con antibióticos de amplio espectro que acaban con las especies de microbios benéficas en el intestino; esto causa un desequilibrio drástico de la flora intestinal y permite que bacterias, levaduras y hongos colonicen sus intestinos y por tanto se debiliten, haciendo que los alimentos no sean digeridos correctamente y se produzcan deficiencias nutritivas por mala absorción de nutrientes. Los niños autistas o aquellos que presentan hiperactividad o trastornos por déficit de atención, en general, presentan un sistema gastrointestinal débil; de hecho, más del 90% de estos niños presentan problemas intestinales.

Hay estudios que han demostrado que la complementación nutricional con vitamina B6 natural cambia las mediciones electrofisiológicas y bioquímicas anormales de los niños con autismo hacia características más normales. (1) Eso significa que la vitamina B6 ayuda a normalizar la función de las células nerviosas en estos niños. Además, un estudio cruzado secuencial, doble-ciego, demostró que la combinación de vitamina B6 natural y magnesio no cura el autismo, pero la mejoría que se obtiene es notable.
Se deben evitar todos aquellos alimentos que perjudican el intestino como:

  • Los lácteos.
  • Los azúcares, harinas refinadas y zumos industriales. – Los alimentos procesados (comidas rápidas).
    Fuentes de vitamina B6:
    Frijoles, legumbres, nueces, huevos, carne, pescado, pan y cereales.
  1. Depresión
    La depresión es un trastorno mental frecuente que se calcula afecta a 350 millones de personas en todo el mundo. Aparte de los tratamientos químicos, existen soluciones bionutricionales que se pueden complementar con un seguimiento psicológico y en las que nos basaremos a continuación. Es importante saber que hay tres neurotransmisores, la noradrenalina, la dopamina y la serotonina, esenciales en el mantenimiento de las funciones vitales, del comportamiento afectivo, del humor y de la psicomotricidad. Se ha observado en personas deprimidas un déficit de estos neurotransmisores por lo que la transmisión del impulso nervioso se ve impedida o dificultada.
    Un déficit de nutrientes esenciales puede originar irritabilidad, depresión, ansiedad, agotamiento, insomnio… En particular se trata de las vitaminas C y B, necesarias para la síntesis del magnesio, calcio, zinc y ácidos grasos poliinsaturados. Medicamentos que suelen causar un déficit de estas vitaminas son:
    -Anticonceptivos orales, que pueden causar desde cansancio e irritabilidad hasta depresión nerviosa. -Corticoides, antihipertensivos y antiinflamatorios.
    Hay aminoácidos que tienen un papel fundamental sobre el humor y deben de estar presentes en cantidades adecuadas:
  • Triptófano, precursor de la serotonina y la melatonina. – Fenilalanina y tirosina, precursores de la dopamina, adrenalina y noradrenalina.

El intestino es una abundante fuente de benzodiacepinas, la familia de agentes químicos psicoactivos incluidos en medicamentos como el Valium y el Orfidal.
Los signos de carencia en serotonina son: – Depresión estacional. – Tendencias adictivas. – Insomnios o dificultad para dormir. – Impaciencia, intolerancia a las obligaciones y a las frustraciones. – Tendencia a sufrir migrañas y carencia de magnesio. – Irritabilidad, impulsividad, agresividad.
Patologías que pueden causar depresión: – Infecciones: candidiasis. – Esclerosis múltiple, tumores, cardiopatías. – Trastornos de tiroides. – Trastornos suprarrenales.
Modos de vida: – Cafeína (refrescos de cola, chocolate): pérdida de zinc, hierro, cromo y calcio, lo que puede generar irritabilidad, depresión, baja inmunitaria, etc. – Tabaco: niveles bajos de vitamina C. – Alcohol: produce una secreción elevada de cortisol y perturba los ciclos normales del sueño. – Aditivos alimenticios, metales pesados, disolventes, pesticidas y otros tóxicos pueden provocar alteraciones psicológicas, depresión, dolores de cabeza y otras alteraciones nerviosas. – Además, falta de ejercicio físico. El ejercicio regular aumenta los niveles de endorfinas, capaces de elevar considerablemente el estado de ánimo.
La hipoglucemia
Es fundamental el diagnóstico de esta enfermedad, que a menudo se pasa por alto en el chequeo habitual. El consumo de azúcares refinados puede generar hipoglucemia que suele ir acompañada de nerviosismo, irritabilidad, agotamiento y otros síntomas asociados a la depresión.
Las vitaminas y oligoelementos que pueden mejorar el estado de depresión son los siguientes:

  • Vitaminas del grupo B (vitaminas B3, B5, B6, B9 y B12): participan en la síntesis de los neurotransmisores y pueden disminuir la ansiedad, la irritabilidad y el insomnio que suelen acompañar a la depresión. – Vitamina C: estimula las acciones de defensa en el cuerpo, comprometidas en los individuos deprimidos.
  • Además, el magnesio se puede considerar un nutriente esencial en las recomendaciones para el estrés, puesto que ayuda a modular el estado de tensión muscular, evita el agotamiento típico asociado al estrés, interviene en el metabolismo del triptófano favoreciendo la conversión de este en serotonina, participa en el equilibrio ácido-básico para mantener un buen estado del sistema nervioso y es recomendable asociarlo al cromo puesto que se ha observado que la mayoría de los pacientes depresivos presentan alteraciones en la glucemia, y pulsiones azucaradas
  • Los ácidos grasos Omega 3 y 6 también tienen un papel importante en la síntesis de los neurotransmisores
    El ejercicio físico regular aumenta los niveles de endorfinas y permite luchar contra la ansiedad, el insomnio y el agotamiento, por lo que se considera una parte fundamental del tratamiento
    Cefaleas
    Las cefaleas causan dolor localizado en cualquier parte de la cabeza, en los tejidos de la cavidad craneana y en músculos y vasos del cuero cabelludo, cara y cuello.
    Recomendaciones para llevar a cabo un cambio nutricional:
  • Evitar la cafeína, el tabaco, alcohol, grasas saturadas, azúcares refinados y sus derivados, y reducir el consumo de productos cárnicos o muy procesados. – Aumentar la ingesta de verduras, frutas frescas, frutos secos y cereales completos como la quinoa, el trigo sarraceno etc. – Realizar ejercicio físico de forma regular: andar, correr, subir escaleras, etc.
    La ingesta de riboflavina (vitamina B2) disminuye la frecuencia y la intensidad de los episodios de migraña (revista Neurology, en el volumen 50, p 466-470). Ayuda sobre todo en la metabolización de alimentos (REDOX), es esencial para el funcionamiento del sistema nervioso y potencia la vitamina B6. Es imprescindible en la ruta metabólica que convierte el triptófano en niacina.
    La combinación de vitamina B6 + magnesio es la que más efectos positivos ha logrado en todos los tipos de cefalea, debido a que esta combinación de nutrientes contribuye de forma clara a la síntesis de serotonina, así como a la relajación muscular. La vitamina B6 es necesaria para el correcto funcionamiento del sistema nervioso y participa de forma activa en la metabolización de proteínas y aminoácidos y en el uso del glucógeno; en total participa en más de 60 reacciones enzimáticas. Es necesaria para la hematopoyesis y trata la intoxicación por cicloserina e isoniazida.
    Se ha demostrado que la combinación de las vitaminas del grupo B junto con el magnesio es más eficaz que con estos elementos tomados de forma aislada. Las vitaminas del grupo B son especialmente importantes para el correcto aprovechamiento de la energía y el metabolismo de los nutrientes. Se recomienda evitar los aditivos como el glutamato monosódico (E-621), típicamente usado para realzar el sabor de las comidas o alimentos congelados, ya que puede ocasionar migrañas; también se recomienda evitar todo tipo de conservantes, grasas de origen animal como la carne y los lácteos y aquellos alimentos que contengan un exceso de cobre como el chocolate, las nueces o el marisco. Sin embargo se debería aumentar el consumo de alimentos naturales como las verduras y las frutas, el ajo, la jalea real, la miel, y aumentar la cantidad de fibra en las comidas.
    Fuentes de vitamina B2:
    Cereales, nueces, huevos, vegetales de hojas verdes y carnes magras.
    Fuentes de vitamina B6:
    Frijoles, legumbres, nueces, huevos, carne, pescado, pan y cereales.

Insomnio
A la falta o disminución del sueño de forma involuntaria se la conoce como insomnio. Hay dos tipos de insomnio: -Agudo, a menudo causado por trastornos emocionales. -Crónico, por enfermedades médicas o psiquiátricas, mal uso de medicamentos, acatisia, SAOS, idiopático.
Higiene del sueño:

  • Limitar el uso de café, alcohol y tabaco, sobre todo antes de dormir. – Acostarse y levantarse a horas regulares, incluyendo el fin de semana. – Practicar ejercicio físico moderado varias veces por semana. – No leer, escuchar música ni ver la tele en la cama; hacerlo en el salón y usar la cama para dormir. – Limitar el sueño a un máximo de 8 horas. – Comer a horarios regulares. – Dormir con persianas subidas.
    Tratamiento del insomnio:
  • Suplemento de vitaminas del grupo B, magnesio y zinc
  • Triptófano a razón de 500 mg antes de acostarse. Aminoácido esencial en el SNC, tanto como precursor de la serotonina como de la melatonina. Tiene efecto ansiolítico, inductor del sueño y anti craving en alcohol y cocaína. Es más eficaz en combinación con vitamina B6 y magnesio y si se toma sin proteínas (por ejemplo, sin leche). Melatonina 30 min antes de acostar (3-5 mg)
    Memoria
    La memoria es una función del cerebro y, a la vez, un fenómeno de la mente que permite al organismo codificar, almacenar y evocar la información del pasado. Surge como resultado de las conexiones sinópticas entre neuronas, que crea redes neuronales (potenciación a largo plazo).
    Suplementos para la memoria:
  • Taurina. Es un antioxidante general. En combinación con el Zn, previene cataratas. Muy importante para la transmisión del impulso nervioso. Mejora el ritmo cardíaco. La dosis recomendada son 5001000 mg.
  • Las vitaminas del grupo B son todas necesarias para la metabolización de los nutrientes y el correcto aprovechamiento de la energía. Así, se ha demostrado cómo un suplemento con el grupo B completo y acompañado de magnesio es mucho más eficaz que cualquiera de sus vitaminas aisladas. La ingestión de B1, B2 y B 6 debe ser similar, porque el consumo de una acarrea el consumo de las otras.
  • Fosfatidil Serina: el 6% en seco de nuestro cerebro es grasa, y cuanta más grasa insaturada encontramos, mejor funciona nuestro cerebro. Una de estas grasas es la fosfatidil serina, componente estructural de la membrana de la neurona. La neurona precisa de la integridad de su membrana para la función de relación con otras neuronas. La toma frecuente de fosfatidil serina a dosis de 100-300 mg/día ha demostrado mejoría en procesos de aprendizaje, capacidad para mantener la atención y mejora en el MEC.
  • La Bacopa (Bacopa Monnieri) es una planta herbácea, antioxidante y tradicionalmente utilizada para estimular la memoria a largo plazo, el aprendizaje, la capacidad cognitiva y la salud cerebral.
    Recomendaciones nutricionales:
  • Vitaminas como la B5, que favorece el rendimiento intelectual, la conciencia y la resistencia al estrés, y vitamina B6, que participa en el buen funcionamiento del sistema nervioso. Estas vitaminas se pueden aportar a partir de la dieta a través de las nueces, almendras, cereales integrales, leguminosas, verduras, cacao… – Proteínas de calidad: pescados, huevos ecológicos, leguminosas y cereales, quinoa, carnes blancas de calidad. – Ácidos grasos poliinsaturados DHA y EPA, componentes de las membranas neuronales, buenos para la memorización y la formación y protección de neuronas. Se pueden aportar por medio de la dieta a través de pescados pequeños como las sardinas, los arenques o los boquerones, al menos 3 veces en semana, y aceites de primera presión en frío ricos en Omega 3, tomando al menos 2 cucharadas al día.

Epilepsia
La epilepsia es el funcionamiento incontrolado de un centro generador de impulsos situado en el cerebro, de modo que puede limitarse a ese centro (crisis parcial) o difundirse al resto del tejido cerebral (crisis generalizada). A la vez, puede haber crisis simples (sin pérdida de conciencia) o complejas (con pérdida de conciencia).
Dieta cetogénica en epilepsia
La dieta cetogénica (DC) ha sido utilizada como tratamiento anticonvulsivo desde 1921. Con la aparición de los fármacos antiepilépticos (FAE) su uso disminuyó; sin embargo, en los últimos 20 años ha vuelto a resurgir como tratamiento de la epilepsia refractaria a medida que se demuestra mayor efectividad y conforme no se obtienen los resultados esperados con los nuevos FAE. Hasta el momento no se conoce el mecanismo de acción específico, pero se postula una acción a nivel de neurotransmisores que favorece la síntesis de glutamina, precursor esencial del GABA, neurotransmisor inhibitorio y un importante agente anticonvulsivo. La dieta cetogénica (DC) se define como una dieta alta en lípidos, adecuada en proteínas y baja en hidratos de carbono que provoca cetosis, lo que minimiza los potenciales efectos secundarios sobre el crecimiento. Existen referencias bíbliográficas respecto a la utilización del ayuno como tratamiento de un cuadro convulsivo (1). El primer uso moderno del ayuno como tratamiento de la epilepsia se remonta a 1911; Guelpa y Marie trataron a 20 pacientes en edad infantil y a dos adultos, sin precisar más detalles. Se puede afirmar que el ayuno fue un precursor del empleo de la DC como tratamiento en la epilepsia. En 1921, Woodyatt (3) y Wilder (4) demostraron la aparición de acetona y ácido hidroxi-butírico en los sujetos en ayuno, lo que mejoraba las crisis epilépticas. Esto animó a Peterman (5) a crear lo que hoy se conoce como dieta cetogénica, para la que indica que debía ser individualizada y con la exigencia de un seguimiento estrecho de los pacientes, y con la que se logran efectos beneficiosos en la conducta y en el desarrollo cognitivo. Estos estudios fueron seguidos en Harvard por Talbot, y en la Clínica Mayo por MacQuarrie y Keith. Para finalizar, es interesante conocer la posición de la Charlie Foundation en 2009: “La DC ha sido documentada de un modo consistente respecto a la eficacia del tratamiento de la epilepsia en cientos de niños desde 1924. En los últimos 15 años se han comprobado estos resultados en alrededor de 750 revisiones, y se ha publicado su implementación y sus mecanismos científicos. Existen dos extensos documentos que han incluido 44 revisiones referentes a más de un centenar de niños que recibieron una DC como tratamiento, confirmando que al menos un 50% o más mejoraron de sus crisis convulsivas”.
Fuente: Lambruschini Ferri, Nilo. Gutiérrez Sánchez, Alejandra. Dieta Cetogénica. Aspectos clínicos y aplicación dietética.
Suplementación:

  • Omega 3: esencial para el buen funcionamiento del sistema nervioso tanto en niños como en adultos.
  • Vitamina E: potente antioxidante que contribuye a prevenir crisis de epilepsia.
  • Vitamina B12: algunos medicamentos empleados en el control de la epilepsia disminuyen sus niveles (fenobarbital, pregabalina, primidona

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